Mal, aquí por desgracia de marido difunto.—Burel, paño basto.
Ledania, letanía, retahila de ruegos.—Al primero día. ¡Ya amaina!
Falta el cuarto verso y seis coplas más, en las cuales diría la dueña que bien se hallaba en su casa con la manda del difunto, y que aconsejarle buscar otro marido era como el consejo que dieron á un lobo que, teniendo torrezno que comer, le persuadió alguno á que fuese por los ganados, haciendo papel de abad ó cura, y así se daría buena vida. Saliendo á estas aventuras, vió estornudar á alguien, y lo tuvo á mal aguero. Lubrock dice en Los orígenes de la civilización (Apéndice): "Mr. Heliburton admite que el estornudo se mira como "presagio de desgracia"; pero es más que eso, es prueba, y prueba concluyente para el salvaje, de que la persona que estornuda estaba poseída por algún espíritu maléfico". De aquí el decir ¡Jesús!, ¡Dios le ayude! cuando se ve estornudar á otro. Proviene esta superstición de la primitiva creencia de que el alma es el soplo, y, al estornudar, puede escaparse del cuerpo. Adviértase que, de rechazo, es aquí figura el lobo de los clérigos que se andan á buscar pan de trastrigo: se regodea viendo retozar á cabras y cabrones, como el ermitaño, y barrunta mal en viendo á los cornudos, aunque á las veces los tales barbados le sirven de capa á maravilla.
Estordido, aturdido, de tordo, como en el Alto Aragón esturdido, y es-tord-ecer, esturdecer.—Pieza por rato fué común manera de decir.
Plado, prado.—Fornachos, hondonadas, como horn-os. Alude a los agüeros que se hacían por los estornudos.