»Por lo que yo desía por byen, vos asañastes,
»Por ende non me atrevo á preguntar que pensastes:
»Rruégovos que me digades en lo que acordastes»—
La dueña dixo: «Vieja, de mañana madrugeste
»A desirme pastrañas de lo qu' ayer me fableste;
»Yo non te lo consentría, como tú me lo rrogueste:
»Que conssentir no devo tan mal juego como éste.»—
«¡Sy!, dixo la comadre, «¡quando el surugiano