XX. El mismo dios Pan... como más avezado que nosotras á los negocios de la guerra, por haber ya militado en muchas... Aún se conserva en nuestros idiomas modernos el epíteto de pánico, dado al terror cuando es muy grande. Pan auxilió mucho á Júpiter en las guerras que tuvo, encadenando á Tifeo ó envolviéndole en una red; si bien otros dicen que le asustó, dando un grito espantoso. En otras guerras ocurridas en este bajo mundo, auxilió á sus devotos, como, por ejemplo, á los griegos contra los galos, mandados por Breno.
XXI. ...se puso á contar la fábula de Siringa... Esta transformación de Siringa en flauta, y los amores de Pan, que la originaron, sucedieron en Arcadia, á orillas del río Ladón, según refiere Ovidio en sus Transformaciones, donde dice que la Ninfa iba huyendo de Pan:
Donec arenosi placidum Ladonis ad amnem
Venerat; hic illam, cursum impedientibus undis
Ut se mutarent, liquidas orasse sorores:
Panaque cum prensam sibi jam Siringa putaret,
Corpore pro Nymphæ calamos tenuisse palustres;
Dumque ibi suspirat, motos in arundine ventos
Effecisse sonum tenuem, similemque quærenti,
Arte nova: vocisque deum dulcedine captum,
Hoc mihi colloquium tecum dixisse manebit,
Atque ita disparibus calamis compagine ceræ
Inter se junctis nomen mansisse puellæ.
XXII. Llegó el invierno, para Dafnis y Cloe más que la guerra crudo. Sin duda convenía al autor, para su sencillo argumento, que el invierno fuese muy rigoroso, ó tal vez quiso lucir su retórica pintándole, pues es evidente que, ni en nuestro siglo, ni en la época de la acción de la novela, hubo de hacer jamás tanto frío ni de caer tanta nieve en la isla de Lesbos.
XXIII. ¡Salud!, ¡oh, hijo mío! Χαῖρε, ὦ παῖ, dice el original. He preferido decir, ¡salud!, ¡oh, hijo mío!, al modo más natural de saludar ahora, diciendo Dios te guarde, porque este modo parece anacrónico é impropio de gentiles.
XXIV. ...comieron coronados de hiedra. Parece que un gentil muchacho, llamado Cisso, gran bailarín y valido de Baco, bailando un día delante del dios, para divertir sus ocios, se cayó en un hoyo y se convirtió en hiedra, planta que fué consagrada á dicho dios, el cual gustaba de coronarse con ella. También para los poetas se tejían de ella coronas:
Pastores hedera crescentem ornate poetam.
dice Virgilio. La hiedra, sobre todo, era para coronar á los poetas dramáticos, por ser el teatro propio de Baco. Por eso Menandro pide á los dioses ser siempre coronado de hiedra ática:
Τὸν Ἀττικὸν αἰεὶ στέφεσθαι κισσόν.
En las bacanales se coronaban asimismo de hiedra los que las celebraban. Así es que el gobernador que puso Antíoco en Jerusalén, queriendo hacer gentiles á los judíos, les mandaba que fuesen por las calles coronados de hiedra cuando se celebraba la fiesta de aquel dios, como se cuenta en el libro II, capítulo VI, de los Macabeos: et cum Liberi sacra celebrarentur, cogebantur heredà coronati Libero circuire.