Ejemplo notable de esto ofrece el manuscrito núm. 272, del siglo iii de Cristo, donde hay actas del Ayuntamiento de Hermópolis Magna. La ciudad era espléndida; tenía por patrono á Mercurio Trimegisto, inventor de las letras y de las ciencias; y los templos de dicho Dios, de Apolo, de la Fortuna, de Serapis y de las Ninfas, eran de gran belleza. Sus colosales ruinas pasman aún al viajero.
Aquel municipio era autónomo, y los encargados por elección de gobernarle se titulaban el Ilustrísimo Concejo. Los negocios de que habia que tratar se los repartían los concejales, y como los negocios eran muchos y varios, es también muy variado el contenido de las actas. Así, refieren éstas que dos regidores, Dioscórides y Sarapamón, se apoderaron de las llaves del pósito, y sustrajeron de allí y vendieron muchísimo trigo y cebada, toda la provisión de lentejas, y más de cien artabos de vino de arroz. No contentos con esto, hicieron otras muchas defraudaciones. De aquí largos y acaloradísimos debates en las Casas Consistoriales, para ver cómo había de reponerse la pérdida, pues, á lo que se infiere, ni Sarapamón, ni Dioscórides tenían talentos, ni minas, ni dracmas, ni óbolos, ni calcos, ni sólidos (que eran las monedas que entonces corrían), porque todo lo habían liquidado.
Dejemos nosotros en paz á los señores Sarapamón y Dioscórides, ya que no es posible que devuelvan de lo sustraído ni una lenteja, y procedamos cronológicamente en este rápido recuento.
Las conjeturas y los ensueños, no sólo deben de estar permitidos, sino que suelen ser muy divertidos. Imagine cada cual lo que se le antoje: ponga en la hundida Atlántida, en las regiones hiperbóreas, más allá de las Montañas Rifeas, y hasta en la Lemuria, si le parece bien, un foco primitivo de civilización; lo cierto, lo demostrado es que la civilización más antigua es la de Egipto. Hace cerca de seis mil años que el Egipto está civilizado. Monumentos hay, en aquella tierra portentosa, á los que se atribuyen más de cinco mil años de edad, cuya perfección y magnificencia no han sido después superadas. Cualquiera de ellos da muestra de que ya se conocía la escritura. La más antigua, la monumental y lapidaria, es la hieroglifica, que siguió empleándose hasta el reinado del emperador Decio.
De la escritura hieroglífica había nacido la hierática, que se usó para escribir en los papiros y que no era más que la simplificación de los setecientos signos de que la escritura hieroglífica se componía.
En el mismo cesto, donde estaba el recado de escribir de que hemos hablado, se halló el más bello y bien conservado escrito hierático de la colección archiducal. Se supone, pues, que es de la misma época, ó sea de 1200 años antes de Cristo.
Contiene, en forma de carta dirigida por un señor Pibesa á un señor Amenofis, una descripción poética de la ciudad de Pi-Ransés, de la que no queda rastro y sobre cuya posición discuten los egiptólogos, aunque convienen todos en que era la residencia favorita de Ransés II; tal vez algo á modo de un Aranjuez ó un Escorial de entonces. Según la descripción, había allí hermosos palacios; toda comodidad, deleite y regalo; bien cultivadas huertas, donde se cosechaban granadas, manzanas é higos; sembrados fértiles, estanques llenos de peces, mucha miel y vino más dulce y más aromático todavía.
Otro escrito hierático de la colección, adornado con viñetas y muy extenso, es el Litro de los muertos de Taruma, sacerdotisa de Ptah. Una de las viñetas representa el juicio de los muertos, y otra la momia de la mencionada sacerdotisa, extendida en el lecho mortuorio, que tiene forma de esfinge, sobre todo lo cual se alza volando el alma, bajo la apariencia de un pájaro. Este Libro de los muertos es, como otros que del mismo género se conservan, una serie de oraciones ó salmos, con que se proveía á los difuntos para que luchasen contra los tenebrosos poderes del Amente ó Infierno, los venciesen, y pudiesen volver á las regiones de la luz.
Los escritos demóticos son pocos en la colección, al menos los descifrados hasta ahora. Aunque se llaman demóticos, ó sea populares, son, á lo que parece, harto difíciles de leer, á causa de las abreviaturas y enlaces y de lo cursivo de las letras. En tiempo de los Ptolomeos fué el mayor florecimiento de este género de literatura, cuyo más brillante fruto es la Historia de Xamris y Neferchoptah. En la colección del Archiduque hay, en escritura demótica, conjuros para evocar á Osiris, á Chu, dios del Oriente, y á Amón, dios del Mediodía.
La magia y la teurgia eran ciencias muy cultivadas en Egipto, y con cuyo auxilio se atraía á la luna desde el cielo, se aprendía el lenguaje de los pájaros, se transformaban las varas en serpientes y se hacían otra multitud de milagros. Las fórmulas, por cuya virtud se hacían, estaban custodiadas en los colegios sacerdotales y en los Palacios de los Faraones. Los profanos ó no iniciados no podían valerse de estas fórmulas, ni poseerlas escritas, sin exponerse á muy severos castigos. Hasta el mismo Faraón, si tenía el antojo de hacer algún milagro valiéndose de las tales fórmulas, se exponía á que el cielo le castigase enviando á su reino las más espantosas plagas. Así, pues, los conjuros demóticos que en la colección se ven, deben de ser una divulgación sacrilega, plebeya é incompleta, de la alta y noble ciencia de los sacerdotes y príncipes.