¿Qué recurso nos queda, sin acudir al más arrogante y peligroso de los extremos? Pues el recurso que nos queda es disimular los insultos agravios y aceptar los buenos oficios del gobierno de los Estados Unidos, si dicho gobierno los ofrece.
Rara y muy poco airosa sería para nosotros esta mediación; pero es tan grande nuestro deseo de paz, que hasta cierto punto nos conviene pasar por todo.
Explicaré ahora la limitación que vá contenida en la frase hasta cierto punto. Para mí, la limitación no puede ser más clara. Si el gobierno de los Estados Unidos mediase y lograse que depusiesen las armas los insurrectos y se pacificase la isla, esto había de ser sin exigirnos la menor promesa de reformas interiores, de cambios en la gobernación de la isla, de nada que modificase allí las relaciones entre gobernantes y gobernados, y de cuyo cumplimiento quedase implícitamente como garante el gobierno de los Estados Unidos. Esto equivaldría á despojarnos vergonzosamente de la soberanía de la isla ó á conservar en ella una soberanía desmedrada y dependiente de la gran República, á cuya fiscalización constante estaríamos sometidos, y á quien acudiría siempre en queja cualquier cubano díscolo que se creyese lastimado ó que supusiese que no se le cumplía lo prometido. Sin duda, se me dirá: ¿qué provecho, qué ventaja sacará el gobierno de los Estados Unidos, de mediar para que los rebeldes se rindan á discreción y sin que España les prometa nada? A tal pregunta respondería yo:
Si alguien cree ó espera todavía en España, que podemos tener en Cuba un millón y seiscientos mil conciudadanos para que compren productos de la Península á mucho más elevado precio que pueden comprar productos semejantes importados de otros países, menester es, en mi opinión, que renieguen de tal creencia y que desistan de tal esperanza. Y no supone lo dicho la anulación del comercio entre Cuba y España. El del Brasil, por ejemplo, con el reino de Portugal, es ahora mil y mil veces más activo y fructífero para los portugueses que cuando el Brasil era colonia.
Con facilidad se comprenderá ya lo que, sin desdoro nuestro y sin mengua de nuestra soberanía, pudiéramos dar á los Estados Unidos, si, por mediación de su gobierno, Cuba se pacificase. En virtud de un Tratado pudiéramos darles la más amplia libertad de comercio en aquella porción de nuestro territorio. El galardón sería espléndido y Cuba también aumentaría pasmosamente su riqueza, si pudiese comprar más baratos la harina y otros alimentos, é importar en la Gran República sus azúcares, su café y su tabaco, libres ó casi libres de derechos.
En cuanto á las libertades políticas y administrativas, ya las concederá España generosamente, sin que nadie le imponga de antemano la obligación de concederlas.
Sólo de esta suerte aceptaría yo la acción diplomática ó digase la mediación de los Estados Unidos.
ÍNDICE
| Págs | |
| Prólogo | [v] |
| Disonancias y armonías de la moral y de laestética | [1] |
| Colección de manuscritos y otras antigüedadesde Egipto pertenecientes al archiduqueRaniero | [31] |
| De los autores portugueses que escribieroncastellano | [57] |
| Los jesuítas de puertas adentro, ó un barridohacia fuera en la Compañía de Jesús | [71] |
| Sobre dos tremendas acusaciones contra España,del anglo-americano Draper | [103] |
| Los Estados Unidos contra España | [149] |
| Quejas de los rebeldes de Cuba | [175] |
| Las alianzas | [197] |
| Teatro libre | [211] |
| Fines del arte fuera del arte | [243] |
| El maestro de Palmira | [253] |
| Las rarezas del Fausto | [265] |
| La moral en el arte | [275] |
| El regionalismo filológico en Galicia | [285] |
| La obra póstuma de Juan Montalvo | [295] |
| El país de la castañeta | [303] |
| Sobre la antología de poetas líricos castellanos, de D. Marcelino Menéndez y Pelayo | [313] |
| Mérito y fortuna | [323] |
| Fe en la patria | [333] |
| La paz deseada | [339] |
| La mediación de los Estados Unidos | [347] |