ESCENA XII.

DICHOS, ATESTAIS.

(Atenais ayuda a Asclepigenia a cuidar a Proclo, aplicando un pomo de esencias a sus narices)

Atenais.—Cálmate. No es nada. Ya vuelve en sí.

Asclepigenia.—¡Buen susto me he llevado! ¡Pobrecito mío de mi alma! ¡Qué malo se me puso!

Proclo. (Se levanta.)—Perdóname, amiga. Ha sido un momento de debilidad. (Reparando en Atenais.) ¿Quién es esta gallarda doncella?

Asclepigenia.—Es Atenais, hija de Leoncio.

Proclo.—¡La hija de mi docto e ilustre amigo!... ¡El cielo te bendiga, Atenais!

Asclepigenia.—¿Me perdonas, Proclo?

Proclo.—No hablemos más de lo pasado: olvidémoslo.