Proclo.—¡Apareced, dioses!

(Se abre la nube, y salen de ella, con mucha luz de Bengala, Pluto, cojo, ciego y alado, y Apolo, muy bizarro y airoso, con manto de púrpura, corona de laurel y lira en mano.)

Proclo.—¿Qué más tienes que pedir?

Asclepigenia.—Nada. Yo me contentaba con tu amor.

Proclo.—Recapacita, sin embargo, si algo te falta.

Asclepigenia.—Si no me motejases de sobrado pedigüeña y exigente, aún te pediría una cosa.

Proclo.—¿Cuál?

Asclepigenia.—Que te laves.

Proclo.—Me lavaré.

Atenais.—Ya eres dichosa. Posees ciencia, hermosura, juventud, riqueza y hasta aseo. Yo, desvalida y menesterosa, lejos de envidiarte, me regocijo.