¿Que es paráfrasis y no traducción? Entonces ya se comprende. Pero dejémonos de paráfrasis. No estoy para ellas, ni para que me echen piropos.

Estoy desesperada. Tan desesperada estoy, que me inclino a creer que no he tenido que fingir la enfermedad, sino que en realidad estoy enferma. El doctor lo ha creído y ha dejado una receta muy larga, que doña Rita ha leído y debe cumplir. Serán simplezas del doctor...

¡Ay, Dios mío! ¿Qué burla pesada es esta? ¿Con que no me contesta Narcisito? Me contesta el doctor, que está con él, y dice que para ver que él no es tan simple, lea yo su receta, que, después de bien estudiada, ha puesto doña Rita bajo la peana de aquel reloj de chimenea. Veamos. (Manolita busca, halla y lee la receta.)

«Récipe: A eso de las nueve, consommé con huevo fresco, filet mignon, chaud froid de perdices, vino del marqués de Riscal, panecillos de Viena, una chirimoya gruesa de las que gusta tanto la enfermita, dulces, café y media copa de chartreuse para entonar el estómago. De sobremesa, un rato de palique con Narcisito por teléfono o más de cerca.»

¿Habráse visto desvergüenza mayor? Esto es burlarse de mí a casquillo quitado. En el pecado llevo la penitencia. El general llama griegos a los fulleros. Hice muy mal en fiarme de un griego desconocido. Nada más lógico que esta fullería y esta infame burla. (Manolita acude al teléfono, llena de ira.)

Narcisito, lo que está usted haciendo conmigo es una maldad. Se me acabó el amor. Aborrezco a usted.

Las circunstancias son, sin embargo, muy difíciles y escabrosas y me obligan a refrenar mi enojo y a hablar aún con usted de asuntos importantes.

Dice mamá que la vizcondesa y otras muchas damas son cómplices e instigadoras de un amor en que ella ni soñaba. El general, dirigiéndose a mí en latín, y diciéndome tu quoque, filia, me acusa también de complicidad y de provocación al delito. A fuerza de decir que tenían ellos relaciones amorosas, aunque ni soñaban en tenerlas, les hemos hecho creer que será verosímil, juicioso y gustoso el que las tengan. Ambos han exclamado: Pues tengámoslas. En efecto; ayer se declararon y ya las tienen. Y no queriendo que el hechizo y el deleite de tales relaciones consistan en que se presten a la murmuración, han resuelto, para evitarla, casarse a escape. Vea usted por dónde, echándome mamá parte de la culpa, ha decidido darme padrastro y tirano, que, sin duda, vendrá a instalarse, dentro de poco, en esta casa...

¡Jesús, María y José! ¿Qué lío es este? No es Narcisito, es mamá quien me responde muy picada. Afirma que no me trae el tirano a casa, sino que se va ella a la casa del tirano y me deja aquí sola.

(Vuelve Manolita al teléfono.)