Por dicha, aunque no entrevemos bien si merced a tan feroz resolución o independientemente de ella, el conflicto pasa, las cosas toman mejor cariz, los tiempos se acercan, la esperanza luce y el poeta escribe su flamante apocalipsis y nos anuncia su Buena Nueva en no corta serie de animados cuadros. Según él, la miseria que nos rodea es la noche
que precede a las grandes claridades.
El idilio enorme, la huelga universal y constante no tardará en llegar. El poeta conjura y evoca y convida a los seres todos para que acudan a la fiesta y contribuyan a su lucimiento.
Por convidado me doy yo también, pero recelo mucho que los preparativos de la fiesta han de ser enredosos y difíciles. La fiesta tardará, pues, en realizarse, y como ya estoy harto viejo, no podré asistir a ella a pesar del convite. Me contento con el programa. Le hallo interesante y ameno. Pero francamente, yo le hallaría mucho mejor si el Sr. D. Eduardo Marquina, en quien reconozco y aplaudo muy altas prendas de poeta, emplease menos el acicate y mucho más el freno al dirigir a su Pegaso, y sólo llevase a las ancas cuando cabalga en él a su propia Musa, legítima y castiza, y no a la aventurera venida de tierras extrañas y cuyo prurito de llamar la atención la induce a vestirse a menudo con vestiduras un poco extravagantes y con exótico amaneramiento. No estará de sobra tampoco que el Sr. D. Eduardo Marquina cuide con mayor detención y esmero del aseo y aliño de su Musa cuando la saque a relucir nuevamente.
DON CRISTÓBAL DE MOURA
PRIMER MARQUÉS DE CASTEL-RODRIGO
I
El libro cuyo título nos sirve de epígrafe, no puede menos de llamar poderosamente la atención por varios motivos. Es un trabajo histórico llevado a cabo con esmerado tino y con la más infatigable diligencia para allegar y compulsar documentos, poner en claro muchos puntos obscuros y darnos idea exacta y justa de los sucesos más importantes en la historia de nuestra Península desde la conquista de Granada hasta el día de hoy.