El señor D. Eugenio Krapf, alemán de nación y fundador y dueño en Vigo de un establecimiento tipográfico, ha impreso y publicado la tragicomedia Celestina. Según en el colofón se expresa, esta obra, dividida en dos volúmenes, se acabó de imprimir el día 31 de Julio del presente año (1900). El primor y la elegancia de la nueva edición dan claro testimonio del buen gusto del impresor, de su pericia y de su devota admiración a las letras españolas.
Entre cuantos libros de entretenimiento se han escrito en España, La Celestina, es, después del Quijote, el más estimado, así de nuestros críticos como de los críticos de otros países, y el que mayor influjo ha tenido acaso en el ulterior desenvolvimiento de la novela y del teatro en las modernas literaturas de Europa. Prueban la estimación que en todas partes se ha dado a este libro las esmeradas traducciones que de él se han hecho en diversas lenguas, imprimiéndolas o reimprimiéndolas desde principios del siglo xvi hasta nuestros días con mayor primor y lujo que en España. Así, por ejemplo, la traducción francesa de Germond de Lavigne, publicada en París en 1873, la traducción alemana de Eduardo de Bolow, impresa en Leipzig en 1843, y la antigua y bella traducción inglesa de Jaime Mabbe, lujosa y lindamente reimpresa en 1894 e ilustrada con una muy discreta y erudita introducción por el docto hispanófilo Fitzmaurice Kelly.
En España, revelándose tristemente nuestro desdén o nuestra indiferencia por las producciones del propio ingenio, no se ha hecho una sola edición de La Celestina durante todo el siglo xviii, y en el siglo xix, que pronto terminará, sólo se han hecho cinco ediciones contándose en este número la incluida en la Biblioteca de autores españoles de Rivadeneyra, tomo III, que contiene novelitas anteriores a Cervantes. De ninguna de estas ediciones puede afirmarse que esté hecha con el esmero y el lujo que el texto original merece y pide. Tal vez influyó en la menor estimación que se dio a La Celestina, desde mediados del siglo xvii y singularmente en el xviii, el estigma que puso en ella la Inquisición no con gran severidad por cierto. Patente se ve la inmensa popularidad de La Celestina en España, durante el siglo xvi, así, porque de dicha obra se hicieron en aquel siglo cerca de setenta ediciones, como por los raros que son los ejemplares de todas ellas, demostrando que se leyeron mucho, a no ser que se presuma que en tiempos de mayor recato, hipocresía o pureza de costumbres hubieron de destruirse muchos ejemplares de un libro cuyo licencioso desenfado no puede negarse.
Caso raro es que no se haya podido afirmar durante mucho tiempo quién sea el autor de libro tan famoso. Y más raro es aún, dada la perfecta armonía de su estilo y la unidad de pensamiento que en el conjunto se nota, que haya podido creerse que el primer acto fue escrito por un autor, atribuyéndose, ya a Juan de Mena, ya a Rodrigo de Gota, y que son obra de otro autor los veinte actos restantes, en nada inferiores al primero.
En el día, por fortuna y merced a demostraciones que sería prolijo exponer aquí, ha venido a desecharse la creencia en la pluralidad de autores y a tenerse por averiguado que el bachiller Fernando de Rojas fue el único autor de todo el libro.
De la vida de este bachiller, que resulta por lo expuesto uno de los más gloriosos ingenios de nuestra patria, poco se sabe hasta el día, si bien puede presumirse que no fue un comunero de su mismo nombre y apellido excluido de la amnistía que en 1522 dio el emperador Carlos V, sino otro Fernando de Rojas, que estudió jurisprudencia en Salamanca, que fue alcalde mayor de dicha ciudad y que se estableció al cabo y terminó sus días en Talavera de la Reina. La fecha de su nacimiento y de su muerte creo que se ignora. Nada se dice tampoco de ningún otro escrito o hecho suyo. Dando aquí por supuesto que la edición de Burgos de 1499, de la que sólo se conserva un ejemplar, fue una falsificación, hecha en Venecia, de 1632 a 1635, la primera aparición de La Celestina, fue en el año de 1500, edición de Salamanca. La edición, pues, de Vigo hecha por el Sr. Krapf en 1900, viene a solemnizar el cuarto centenario del libro y también de su autor, de cuya vida y hechos es el libro lo más importante que se conoce.
Ilustran la edición del Sr. Krapf, y le dan mayor realce y atractivo las variantes, el catálogo de las ediciones que de La Celestina se han hecho en español, en francés, en inglés, en holandés, en alemán, en latín y en italiano, y sobre todo una bella introducción, notas y apéndices de D. Marcelino Menéndez y Pelayo.
Nunca un libro, por original que sea, deja de tener antecedentes. Considerado como tal está el Pamphilus, que es uno a modo de drama, en exámetros y pentámetros latinos, remedando el estilo de Ovidio. Este drama viene inserto como apéndice en la edición del señor Krapf. Se ignora el nombre de su autor y la época en que se compuso, si bien puede creerse que no es anterior al siglo xii y que su autor hubo de vivir en algún monasterio del centro de Europa.
En germen están en el Pamphilus el pensamiento y el asunto de La Celestina. Ya en el arcipreste de Hita hay no pocos trozos del Pamphilus imitados y traducidos. Pero con razón afirma el Sr. Menéndez que esto no menoscaba la poderosa originalidad del arcipreste ni mucho menos la de Fernando de Rojas. El Pamphilus, más que obra de un poeta, parece el frío y trabajoso estudio de un filólogo, cuyos personajes carecen de vida y de individual consistencia.