Inesita, luego que pasó tiempo, filosofó con serenidad acerca de don Braulio y explicó su muerte de un modo satisfactorio para ella.
Don Braulio se había suicidado porque era tétrico de carácter; porque tenía menos religión que un caballo; porque estaba desesperado de ser feo y enclenque; porque había cometido la imprudencia de haberse casado con mujer joven y hermosa; porque tenía el ridículo empeño de ser adorado; y porque el amor, que no tenía, por carencia de fe, para las cosas del cielo, le había puesto en algo de mundanal y finito que no lo merecía, empeñándose en revestir a este ídolo de calidades y excelencias que sólo a los seres sobrenaturales convienen.
En suma, Inesita daba por evidente que lo mejor que don Braulio podía haber hecho era matarse.
No creemos que Inesita tuviese gran erudición clásica; pero si la hubiera tenido, hubiera repetido, a propósito de don Braulio, cierto verso, nos parece que de Homero, que dicen que declamó Scipión al saber la muerte de Cayo Graco, su sobrino, y que en mal romance y peor prosa se interpreta así: Perezca como él quien imitare su ejemplo.
FIN