La Condesa, al menos, sin que nosotros salgamos responsables de sus juicios, se explicaba así, de un modo sintético, la historia de su patria. Resultaba de aquí que, de puro aristocrática y por odio a la democracia antigua, casi era la Condesa liberal y progresista. Prefería al dominio de un valido prepotente, a quien el Monarca sacaba de la nada, el mando de esto que llaman clases conservadoras, en las cuales entraba por algo la suya, aunque mezclada con el instable remedo de la aristocracia de buena ley y con el furioso aluvión de injustificadas e improvisadas notabilidades.
En suma, y sea de ello lo que se quiera, la Condesa deseaba que su hijo no consumiese la mocedad toda en galanteos y diversiones, sino que se hiciese hombre formal y de pro, y añadiese a la nobleza heredada nuevo lustre y blasones con la adquirida por su talento y demás prendas personales.
Ya sabemos que el Conde había pasado el verano sin salir de Madrid. La Condesa no había salido tampoco.
Estamos en el mes de octubre.
Casi todas las damas elegantes que habían ido a Biarritz, a Spa y a otros puntos, y que habían hecho una visita a París, estaban ya de vuelta de la expedición veraniega. Venían, como era natural, cargadas de galas y primores de Worth, de la Ferrière, de Alexandre y de otros artistas; galas que se disponían a lucir durante el invierno.
Entre estas damas expedicionarias y ya reinstaladas cerca de sus lares se contaba la linda Adela, prima del Condesito. Era la bondad personificada, sin frisar en tonta, y era además heredera única, con esperanzas de ser más rica que su primo cuando heredase. La Condesa viuda quería casar con ella a su hijo.
Ya varias veces había procurado inducirle a que la pretendiera. Siempre había sido en balde.
Ahora, a los tres o cuatro días de haber llegado Adela, la Condesa llamó una mañana a su hijo a su cuarto, entre once y media y una, antes del almuerzo, y tuvo con él la siguiente importantísima conferencia.
[XIV]
Después de los cariñosos saludos de costumbre y de un breve preámbulo sobre asuntos insignificantes, sentados madre e hijo en cómodos sillones y enfrente ella de él, la Condesa entró en materia de este modo: