Había incurrido en dos traiciones y en dos falsías. Había faltado a Dios y a ella.

Soy un ser abominable.


11 de Junio.

Aún es tiempo de remediarlo todo. Pepita sanará de su amor y olvidará la flaqueza que ambos tuvimos.

Desde aquella noche no he vuelto a su casa.

Antoñona no parece por la mía.

A fuerza de súplicas he logrado de mi padre la promesa formal de que partiremos de aquí el 25, pasado el día de San Juan, que aquí se celebra con fiestas lucidas, y en cuya víspera hay una famosa velada.

Lejos de Pepita, me voy serenando, y creyendo que tal vez ha sido una prueba este comienzo de amores.

En todas estas noches he rezado, he velado, me he mortificado mucho.