Pero ¡ah! una implacable bonanza acompañó al «Senegal» en esos temibles mares, el resto de su viaje; y una mañana nublada, pero ya con asomos de primavera, amaneció surto en Balizas Exteriores........
VIII
Mauricio aspiró con ánsia el aire natal. Nada más había para él en aquella soledad, que la ausencia y la muerte habían hecho en torno suyo.
Ni parientes ni amigos: extraño en su patria.
Al entrar en la Avenida Montes de Oca previno al cochero que debía alojarse en un hotel.
—¿A qué hotel quiere ir el señor?—preguntó el automedon.
—Al que á Vd. mejor le parezca, amigo.
—¿El señor es forastero?
—¡Forastero!—repitió Mauricio, con amargura.—Sí, forastero.