En el extremo opuesto, Mauricio divisó aislado y solitario, el sepulcro de su madre—muerta á la edad de veinte años—decía el epitafio.

A ella dirijió su plegaria y la efusion filial de su alma.....

Dió una severa mirada á las otras dos tumbas, y se alejó murmurando un requiescant in pace de perdon.


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El dia siguiente á su llegada, Mauricio dejó el hotel, caro para la exigüidad de sus recursos, y tomó alojamiento en una casa de huéspedes, indicada por el que fué su tutor.

Una vez instalado, buscó trabajo en uno de los diarios más acreditados de Buenos Aires.

Su director, que es un distinguido literato y, además, un hombre de corazon, hizo al jóven una acojida tan amable como alentadora. Ofrecióle su amistad, y desde ese dia, dióle trabajos importantes en la seccion editorial del diario....

No había pasado una semana de la instalacion de Mauricio en la casa de huéspedes, cuando por una de esas evoluciones de barrio, tan frecuentes en esta época de transformacion material, aquel edificio fué expropiado é intimada órden de desalojo.