Gualterio Lud que había hecho venir la imprenta, y que se ocupaba en muchas obras, tanto de sí mismo como de Jean Basin, de Ringmann y de Jehan Aluys, debía, como impresor responsable, ser muy atento á todo lo que pasaba en su oficina. Waltzemüller, bajo cualquier pretexto, pudo haber retardado la impresión del primer pliego, á fin de poder modificar en su provecho el texto del manuscrito, admitido por el Gimnasio vosgense; pudo haber producido el primer pliego hasta el último momento, y cuando toda la plancha estaba ya lista, esperando sacar de ese modo ventaja del hecho consumado. No obstante, Lud debe haber tenido en sus manos uno de los primeros ejemplares de la Cosmographiæ Introductio. Admitamos que Ringmann tuviese uno, sea en prueba, sea ya en forma, y que sucedió lo mismo con Waltzemüller; tenemos tres ejemplares cuya existencia puede darse como cierta.
Agreguemos tres ejemplares más, que pueden haber sido dados á Jean Basin ó Nicolás Lud y algún otro miembro del Gimnasio; y ese será el total de ejemplares puestos en circulación de la edición princeps.
Disgustado de la tentativa del director de la imprenta y auxiliar cartógrafo, de apropiarse la obra común, Lud quitó en el acto las planchas, y no pudo haber circulación fuera del pequeño grupo del Gimnasio. Porque es necesario recordar, y esto aun en la suposición de que Waltzemüller hubiese sustraído algunos ejemplares, que á la sazón no había correos regulares, y que las comunicaciones de Saint Dié con el resto del mundo, eran raras y difíciles. Podemos así concluir con una certeza casi completa, que la primera tirada no fué puesta en circulación. El canónigo Lud cambió en el acto las dos primeras fojas, y hecha de este modo la segunda tirada, es como circuló el libro.
¿Cuántos ejemplares se imprimieron? Nada sabemos de esto, careciendo de datos más detallados relativamente á la imprenta de los Lud; pero podemos hacer congeturas probables y plausibles.
Los primeros impresores vagaban con su material ambulante, empleados casi exclusivamente por el clero, clase más rica é instruida que las otras de la población. Los canónigos y los obispos hacían imprimir sobre todo, obras religiosas, y como éstos eran gastos enteramente de lujo, resultaban verdaderas obras de aficionados, en papel muy bueno, y en corto número de ejemplares, con grandes letras mayúsculas iluminadas á pincel. Existen ejemplos bien demostrados de libros de los cuales solo se imprimieron dos ó tres ejemplares. Acabada su obra, los impresores empacaban su material y se lo llevaban á otra parte. La imprenta de Saint Dié probablemente no tuvo otro origen. Los Lud deben haberla comprado á causa del abundante trabajo que el Gimnasio vosgense se proponía ejecutar. Por el año de 1510 no había traza alguna de esta imprenta, cuya existencia no duró más de tres años.
Cuando se habla de edición, sobre todo respecto de las imprentas de ricos aficionados, de las pequeñas poblaciones, no debe tenerse en cuenta lo que esta expresión quiere decir en nuestros días. No se trata de centenares, mucho menos de millares, sino solo de medias docenas ó docenas de ejemplares. Los superiores y grandes señores, obispos, capítulos colegiados, abadías y órdenes religiosas, no vendían los libros que imprimían, sino que los daban de regalo á sus amigos y corresponsales. Gualterio Lud, canónigo del capítulo colegial de Saint Dié, y además secretario del duque de Lorena, era un gran señor—Así, este primer libro de la Cosmographiæ Introductio, salido de sus prensas, fué verdaderamente una obra de aficionado; y la suposición de que las primeras tiradas de Mayo de 1507, montaron á dos ó tres docenas de ejemplares, no puede andar muy lejos de la verdad. Admitamos que fueron treinta y seis ejemplares, de los cuales seis quedaron intactos, y forman la edición original ó princeps. De estos treinta y seis ejemplares ¿cuántos conocemos el día de hoy? Uno solo de la edición princeps, y tres, ó quizás cuatro de la segunda tirada. Citemos de paso este axioma de los bibliófilos:—“Los libros verdaderamente raros son los que han sido impresos en menor número de ejemplares.” (Guía del librero anticuario y del bibliófilo, por Jules Richard).
Conforme, pues, á nuestra manera de ver, la segunda tirada de la Cosmographiæ de Saint Dié, fué la primera puesta en circulación por el Gimnasio vosgense. Agotada ésta, Gualterio Lud reimprimió, y el 4 de Setiembre de 1507 dió á luz, una nueva edición compuesta de más ejemplares, digamos 72, ó seis docenas, cifra muy alta para la época, y para ser aquel un libro de aficionado;[40] esta tercera edición fué la más conocida, y constituyó realmente la obra geográfica debida al pequeño cenáculo de Saint Dié. Esta es la que ha llegado hasta nosotros en mayor número, conociéndose de ella diez ó doce ejemplares, de los cuales cuatro se hallan en los Estados-Unidos, y de éstos, dos en Cambridge, Massachusetts.
En suma, vemos que las tres ediciones de la Cosmographiæ de 1507, no montaron más que á un centenar de ejemplares, cifra que no autoriza á decir, como lo ha sostenido uno de nuestros contradictores y críticos, que un libro que ha tenido tres ediciones en un solo año, no debe ser raro; y mucho menos puede decirse, con otro crítico, que este libro ha llenado á Europa.
Si fuera necesario, dos geógrafos é historiadores del siglo XVI nos servirían para demostrar cuán exagerado y aun ridículo es hablar de la gran circulación del libro de Saint Dié, comprendiendo en junto todas las ediciones de Strasburgo y de Lyon (1507, 1509 y 1518). La grande obra de Oviedo: Historia general de las Indias, Sevilla, 1535, no hace alusión alguna á la famosa obrita del Gimnasio vosgense; jamás menciona á Vespucci, y esto en Sevilla, donde Vespucci vivió y murió. Por su parte Abraham Ortelius, quien por general consentimiento es el más grande de los geógrafos de aquel siglo, aunque cita dos obras de Ilacomylus, no menciona ni la Cosmographiæ Introductio, ni el mapa-mundi ó planisferio de Waltzemüller. Para él este geógrafo es tan oscuro, que en la preciosa lista de obras geográficas inserta al principio de su Theatrum orbis terrarum 1570, dice:—“Martin Ilacomylus, friburgués, de quien tenemos una Carta de Europa impresa en parte en Alemania,” y “Martin Waldseemüller, Carta náutica universal, ó, como vulgarmente se dice, marina, publicada en Alemania. Pienso que este es el mismo Ilacomylus, que precede.” En ninguna parte hace alusión á la Cosmographiæ Introductio, ni al bautismo geográfico del Nuevo Mundo en Saint Dié.