Humboldt piensa que la propagación del nombre América[57] es debida á las cuatro ediciones de la Cosmographiæ Introductio (1507, 1509, 1535 y 1554) y á la falta de publicaciones sobre los viajes de Colón.[58]
Varnhagen atribuye la adopción y éxito del nombre América á la imprenta del siglo XVI y “á la opinión pública, juez supremo de estas cuestiones de bautismo, resueltas por ella y para ella.”[59]
En fin, d’Avezac dice:—“Entre el error temprano y la verdad tardía, (aludiendo á la ignorancia de los miembros del Gimnasio vosgense, respecto al descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón, que ellos atribuían á Vespucci) la elección del vulgo no puede ser dudosa: como siempre, quedará el error consagrado. Algunos espíritus puros se sublevan contra él; pero dado el impulso, los carneros de Dindenault saltan como de costumbre en seguimiento de los de Panurge, balando como ellos el nombre América, y este nombre repetido por toda la gente carneruna, se hizo general, exclusivo, y de allí en adelante, indeleble.”[60]
Razones singulares, débiles é insuficientes por demás, pero dadas por los tres sabios que más y mejor han estudiado la cuestión!
De todo lo anterior puede concluirse, que el nombre América fué aceptado, no á causa de Vespucci, sino más bien á pesar del trabajo que en su favor ejecutaron Jean Basin y sus asociados del Gimnasio vosgense.
Rectificado antes de dos años, en la edición de Strasburgo, el error de atribuir á Vespucci el descubrimiento del Nuevo Mundo, no hubo tiempo para que llegase á ser rutina, según la expresión de d’Avezac;[61] pues ¿qué era, á la verdad, un espacio de dos años, en aquella época de comunicaciones difíciles, cuando no había una sola carta impresa que llevase ese nombre, y con tan pocos ejemplares del opúsculo de Saint Dié en circulación? Hablar de rutina en tales circunstancias, es pagarse de palabras, sin la menor apariencia de verdad. No fueron los sabios quienes impusieron al vulgo el nombre América, porque con la resistencia de Schöner y otros, desde 1535, no habría sido aceptado, ni menos mantenido: pero ese nombre era tan popular, que el vulgo lo impuso á los sabios.
A orillas del Rhin, y en el centro de Europa, en general,[62] el error de Basin puede haber ayudado, dentro de ciertos límites á propagarlo; pero en España y Portugal, en Génova y en Venecia,[63] sucedía lo contrario. En todos los puertos de mar era sabido que Vespucci no era el descubridor del Nuevo Mundo, en donde no había estado más que en la posición subalterna de pasajero, sobrecargo, ó mayordomo; y cuando se supo—lo que no fué sino al menos después de treinta años—que se le atribuía el nombre vulgar y generalmente usado, América, la opinión pública experimentó mucha indignación. En los actos oficiales, en el Consejo de Indias, en las Historias de las Indias de Oviedo, de Gomara, de Las Casas, no se emplea este nombre; en España y Portugal, la resistencia á su adopción duró tres siglos. Pero en el pueblo y entre las tripulaciones, había echado raíces profundas, seguramente á causa de su condición de aborígen, que, sin embargo, ya se había olvidado, como sucede con frecuencia; triunfando de las objeciones, tanto de los primeros sabios del mundo entero, como de las cancillerías españolas, y subsistiendo de grado ó por fuerza.
Un autor ha dicho con mucha sagacidad, sin conocer el origen indígena del nombre América, que “el haberse respetado la aseveración que lo atribuye á Vespucci, había sido, sobre todo, por falta de solución que oponerle.” En realidad, ha faltado una explicación racional, bien fundada y verdadera del fenómeno singular de un nombre de lugar, cuya posición geográfica precisa es desconocida, con el que se quiso revestir á un hombre, y hacerle navegante italiano.
Nueva prueba del triunfo final de los pequeños, y de la opinión pública, sobre los errores de los doctos, de los eruditos, y de los panegiristas patrióticos—Pobres tripulaciones llevaron del Nuevo Mundo el nombre Amerrique, y durante cuatro siglos los sabios y los literatos han disputado sobre el empleo y origen de ese bello nombre.