Para abrirse al través de aquel muro el paso de la respiración, tuvo que colocar la puerta en un miembro casual que pierde con frecuencia: la pata. Y para dar lugar al crecimiento, á la extensión progresiva de sus órganos interiores, necesita (cosa peligrosísima) que la coraza, reblandecida por momentos y fofa, no sea más que piel; y sólo admite este cambio desnudándose, pelándose, rechazando una porción de la misma. Muda completa. Los ojos, las branquias, que desempeñan las funciones de los pulmones, la sufren como el resto.
Es un espectáculo bien curioso el que ofrece el cangrejo volteándose, agitándose, atormentándose para arrancarse su mismo ser: la operación es tan violenta que, á veces, se le rompen sus patas, quedando sin fuerzas, débil, muelle.
En dos ó tres días, reaparece el calizo y constituye la coraza de la piel. El cangrejo no sale librado á tan poca costa de su metamorfosis, sino que necesita mucho tiempo para recobrar su cáscara; y hasta este momento sirve para el pobre de ralea á los seres más débiles. En este punto la justicia y la igualdad muestránse inexorables. Las víctimas tienen el desquite. El fuerte sufre la ley de los débiles, cae á su nivel, como especie, en la alternativa de la muerte.
Si sólo muriésemos una vez aquí abajo, no habría tanta tristeza. Empero todo ser que vive debe morir un poco diariamente, es decir, mudar, sufrir la muertecita parcial que renueva y da vida. De ahí un estado de debilidad á la par que de melancolía que nos cuesta confesar. Mas ¿qué hacer? El pájaro que muda su pluma cada estación, está triste, y más triste aún la pobre culebra al cambiar de piel. El ser racional muda también la piel y todos sus tejidos cada mes, cada día, á cada instante, perdiendo un poco de sí mismo incesantemente, con suavidad. No está abatido, sino algo debilitado, en un momento vago y de ensueño en que palidece la llama vital para reaparecer más lúcida.
¡Cuánto más terrible es esto entre los seres do todo debe cambiar á la vez, desencuadernarse el armazón, descartarse, arrancarse la inflexible envoltura! Encuéntrase cansado, rendido, desfalleciente, ausente de sí mismo, á merced del primero que se presenta.
Hay crustáceos de agua dulce condenados á morir de esta suerte veinte veces en el transcurso de dos meses; otros (los crustáceos chupones) sucumben á tanta fatiga, no pueden rehacerse, sino que se deforman y pierden el movimiento, dando, digámoslo así, su dimisión de seres cazadores y buscando cobardemente una vida holgazana y parásita, un vergonzoso abrigo en las visceras de los grandes animales que, á su pesar, los sustentan, se extenúan en su provecho, ventean y trabajan para ellos.
El insecto, en su crisálida, parece olvidarse de sí mismo, ignorarse, permanecer extraño á los sufrimientos; diríase más bien que disfruta de esa muerte relativa, como un niño de teta en la templada cuna. Empero el crustáceo durante la muda se ve, tiene conciencia de sí: sábese precipitado repentinamente de la vida más enérgica á una deplorable impotencia. Parece atolondrado, perdido. Lo único que sabe hacer es instalarse debajo una piedra y aguardar tembloroso. No habiendo encontrado jamás enemigo serio ni obstáculo alguno, dispensado de toda industria por la superioridad de sus armas terribles, el día que éstas le faltan no le queda ningún recurso. Tal vez podría protegerle la asociación si la muda no fuese común á todos y no estuvieran sus compañeros desarmados como él, é incapaces de auxiliar á los enfermos, pues también lo están ellos. Dícese, sin embargo, que hay ciertas especies en que el macho quiere proteger á la hembra, la sigue, y si es aprisionada, no hay más remedio que aprisionar á los dos.
Esa terrible servidumbre de la muda, la áspera vigilancia del hombre (que de día en día adquiere más imperio sobre las playas), y, finalmente, la desaparición de especies antiguas que les procuraban abundante alimento, han debido producir cierta decadencia entre ellos. El pulpo, que no sirve para nada, ni se pesca ni se come, ha disminuido bastante en tamaño y en número. ¡Cuánto más, pues, el crustáceo, cuya carne es tan suculenta y que agrada á toda la Naturaleza!