—¡Viva!—contestan varias voces.

Pero no creo que nadie piense en Sagunto ni en Covadonga. Ya hemos dicho en lo que consiste la España del género ínfimo: Maravillas, las Vistillas, Triana, Granada... Si acaso, algo de Aragón. Y nunca Manresa, ni Getafe, ni Santa Marta de Ortigueira, ni mil otros pueblos que pagan, sin embargo, sus contribuciones al Estado y que cumplen la ley de Quintas.

La señorita Mary-Focela ha introducido en este género de cuplés una variación notable. Parece que sus versos eran éstos:

Lucho como una leona
al grito de ¡Viva España!
Y es que por mis venas corre
la sangre de Malasaña...

Sabíamos de cupletistas que luchaban contra gente extraña; sabíamos de otras que luchaban con saña; pero eso de Malasaña es todo un hallazgo.

Lucho como una leona
al grito de ¡Viva España!
Y es que por mis venas corre
la sangre de Malasaña...

Me imagino a la señorita Mary-Focela moviendo las caderas en un gesto de luchadora. El público, viéndola, ha debido también de sentir en sus venas el flujo de una sangre heroica, capaz de todos los sacrificios. ¡Viva España! ¡Viva la gracia! ¡Viva Mary-Focela!...

IX
LA HUELGA DE CUERNOS CAÍDOS


Desengáñese usted—me decía un viejo aficionado—. Ya no hay toros...