Es indudable que, si yo me manifesté durante estos últimos años como un escritor pesimista, ello ha consistido, principalmente, en la frecuencia con que pasaba por la calle de Cedaceros. Pero, al fin, la famosa valla ha caído en tierra, y ahora todo me parece posible.

—Unas gentes que han acabado con la valla de Vitórica—me digo—pueden acabar con la misma política del Sr. Cierva. España se transformará. Llegará un día en que los madrileños tendremos hasta gas para el alumbrado público. Hay que mirar al porvenir con confianza. Hay que ser optimistas... Dentro de más o de menos años, no tendría nada de asombroso el que los habitantes de Madrid pudiesen trasladarse a La Coruña en un término de veinticuatro horas. Todo es de esperar en un pueblo tan enérgico. Los trenes andarán. Un kilo de pan llegará a pesar lo menos tres cuartos de kilo. Hasta es posible que haya casas para las familias que deseen alquilarlas... Tengamos fe en los hombres que han deshecho la valla de la calle de Cedaceros.

LA ANTIPOLÍTICA

I
EL NUEVO DECORADO DEL MUNDO


Cada tres o cuatro siglos vienen unos hombres; se ponen a barrer, a fregar, a empapelar y a repintar el mundo. ¿Lo dejan mejor? Probablemente, no; pero esto no importa. Le quitan el polvo, lo refrescan, lo varían y le dan un interés nuevo. Si los revolucionarios pudieran cambiar de planeta de vez en cuando, e irse a pasar una temporada con los marcianos o con los selenitas, el mundo, seguramente, no sufriría tantas transformaciones. Por desgracia, las comunicaciones interplanetarias no han pasado aún de la categoría de proyecto, y cuando la humanidad se aburre en su viejo domicilio, comienza a coger trastos y a echarlos patas arriba.

Y esto es lo que ocurre hoy. El mundo se está transformando, con gran indignación de muchos señores que se habían instalado en él confortablemente y para que no los molestase nadie. Estos señores no ven la necesidad de cambio ninguno. El mundo les parece verdaderamente bien, y en realidad, ¿qué mundo ha estado nunca mejor? Tiene calefacción central y juicio por jurados. Tiene sistema parlamentario. Tiene gas, tiene luz eléctrica, tiene telégrafo y teléfono, tiene leyes de Accidentes del trabajo, y tiene cinematógrafo. Es un mundo con todo el confort moderno, un mundo sumamente recomendable.

Lo que ocurre con este mundo es que no le gusta a todo el mundo. Los rusos, por ejemplo, tienen otras teorías estéticas, y después de haber transformado el decorado teatral, no sería extraño que transformasen también el decorado del mundo. Y el mundo futuro vendrá a ser, poco más o menos, con respecto al mundo actual, una cosa así como el ballet ruso con relación a la ópera italiana.

¿Qué quieren esos obreros que arman tanto escándalo? ¿Qué quieren esos carpinteros? ¿Qué quieren esos fontaneros? ¿Qué quieren esos fumistas? ¿Qué quieren esos empapeladores?... Quieren arreglar el mundo, intacto desde la Revolución francesa, para que tire una temporadita de algunos siglos. ¡Si se les pudiese decir que volviesen otro día!... Pero es inútil, y hay que resignarse a todas las molestias de vivir en una casa donde se están haciendo reparaciones.

II
LOS PROLETARIOS DE LEVITA