La primera comprende los obreros aptos para trabajar; su masa, que engrosa a cada crisis, disminuye cuando los negocios recobran su actividad. La segunda comprende los niños de los pobres socorridos y los huérfanos. Estos son otros tantos candidatos de la reserva industrial, los cuales, en las épocas de mayor prosperidad, entran en masa en el servicio activo. La tercera categoría comprende los más miserables; en primer lugar los obreros y obreras a quienes el desarrollo social ha, por decirlo así, desmonetizado, al suprimir la obra de detalle que, por la división del trabajo, era su único recurso; después los que, por desgracia, han pasado de la edad productiva del asalariado, y por último, las víctimas directas de la industria, enfermos, mutilados, viudas, etc., cuyo número se eleva con el de las máquinas peligrosas, las minas, las manufacturas químicas, etc.

El pauperismo es la consecuencia fatal del sistema capitalista.

El pauperismo es el cuartel de inválidos del ejército del trabajo. Su producción está comprendida en la del sobrante relativo de población, su necesidad en la necesidad de este, y forma con él una condición de existencia de la riqueza capitalista.

Las mismas causas que desarrollan con la potencia productiva del trabajo la acumulación del capital, creando la facilidad de disponer de la fuerza obrera, hacen que aumente la reserva industrial con los resortes materiales de la riqueza. Pero cuanto más aumenta la reserva, comparativamente al ejército del trabajo, más aumenta también el pauperismo oficial. He ahí la ley general, absoluta, de la acumulación capitalista. La acción de esta ley, como la de cualquiera otra, está naturalmente sujeta a las modificaciones de circunstancias particulares.

El análisis de la supervalía relativa ([sección cuarta]) nos ha conducido al siguiente resultado: que en el sistema capitalista, en que los medios de producción no están al servicio del trabajador, sino el trabajador al servicio de los medios de producción, todos los métodos para multiplicar los recursos y la potencia del trabajo colectivo se practican a expensas del trabajador individual; todos los medios de desarrollar la producción se transforman en medios de dominar y explotar al productor; hacen de él un hombre truncado, parcelario, o el accesorio de una máquina; le oponen, como otros tantos poderes enemigos, las potencias científicas de la producción; sustituyen el trabajo atractivo por el trabajo forzado; hacen cada vez más penosas las condiciones en que se efectúa el trabajo, y someten al obrero durante su servicio a un despotismo tan mezquino como ilimitado; transforman su vida entera en tiempo de trabajo y encierran a su mujer y a sus hijos en los presidios capitalistas.

Pero todos los métodos que ayudan a la producción de la supervalía, favorecen igualmente la acumulación, y toda extensión de esta necesita a su vez de aquellos. De lo cual resulta que, cualquiera que sea el tipo de los salarios, alto o bajo, la condición del trabajador debe empeorar a medida que el capital se acumula; de tal suerte, que acumulación de riqueza por un lado, significa acumulación igual de pobreza, de sufrimiento, de ignorancia, de embrutecimiento, de degradación física y moral, de esclavitud por otro, o sea del lado de la clase que produce el capital mismo.

SECCIÓN OCTAVA

La acumulación primitiva.


CAPÍTULO XXVI