La tarea de los revolucionarios no consiste en determinar el momento de esta revolución, que surgirá fatalmente de las complicaciones económicas y políticas de que Europa será pronto teatro. Una vez demostrada la tendencia de los fenómenos económicos, una vez analizados y conocidos los elementos materiales de la transformación que se prepara, los revolucionarios no tendrán que hacer sino organizar los elementos intelectuales, reclutar el ejército capaz de hacer redundar en provecho suyo los sucesos que se elaboran, y tener la fuerza obrera dispuesta para las luchas que provocará necesariamente el desenfreno de los antagonismos sociales.
Los revolucionarios no han de escoger sus armas como tampoco el día de la revolución. En este punto, solo tendrán que preocuparse de una cosa, de la eficacia de sus armas, sin inquietarse de su naturaleza. No hay duda que, a fin de asegurar las probabilidades de victoria, deberán ser aquellas superiores a las de sus adversarios, y, por consecuencia, habrán de utilizar todos los recursos que la ciencia pone a disposición de los que tienen alguna cosa que destruir.
En resumen, el Proletariado debe recurrir a la fuerza para conquistar el poder político, cuya posesión es indispensable para llevar su emancipación. A la fuerza burguesa, a la legalidad burguesa, sistematización de la fuerza puesta continuamente al servicio de los privilegios económicos de la burguesía, es necesario oponer la fuerza obrera, la cual, una vez dueña del poder político, creará a su vez una legalidad nueva, y procederá legalmente a la expropiación económica de los mismos a quienes habrá derribado violentamente del poder. Este modo de acción está prescrito por los hechos: los que emplean la fuerza no pueden ser vencidos sino por la fuerza.
En cuanto a la transformación económica, que ha de efectuarse legalmente, son igualmente los hechos los que formarán los elementos directores de las modificaciones sucesivas que habrán de llevarse a cabo.
El fin del socialismo es proporcionar a cada uno los medios de poner en actividad sus facultades desarrolladas, mientras que hoy la acción de la mayoría se halla subordinada a un capital de que carece, y nosotros sabemos que este fin no puede conseguirse sino por la socialización de las fuerzas productivas.
Donde los medios de trabajo se encuentren en manos de quien los pone en movimiento, aunque afecten la forma de apropiación individual, el Partido Obrero dejará libre la acción de los acontecimientos, que eliminan de día en día esta forma de apropiación. Por ejemplo, en el caso del labrador que cultiva por sí mismo el pedazo de tierra que posee, del pequeño industrial que maneja él mismo el modesto instrumento de trabajo que le pertenece, hay esfuerzo personal, no existe explotación. Lejos de ser explotadores, son también a su vez explotados, y víctimas de los intermediarios financieros y comerciales a quienes necesitan recurrir forzosamente. No hay en tal caso lugar a confiscación; lo único que les arrebatará su pequeña propiedad serán las necesidades de la producción, a que tarde o temprano tendrán que someterse.
No obstante, mientras que los hechos hayan efectuado esta expropiación inevitable y hayan obligado al labrador a ser, en vez de propietario nominal de un trozo de tierra gravado con hipotecas, y que solo le procuraba una vida dulce y penosa, copropietario del suelo nacional con remuneración equivalente al tiempo que trabaje, el Partido Obrero le interesará en el orden comunista.
Tan pronto como haya alcanzado el poder, el Proletariado anunciará a los labradores la anulación de todas sus deudas no hipotecarias, la supresión del impuesto territorial en particular, la facultad de pagar en especie todos sus censos y la confiscación a beneficio de la colectividad de las deudas hipotecarias, reducidas a un 50 por 100, poniendo además gratuitamente a su disposición pastos, semillas y máquinas agrícolas.
El labrador propietario individual de la tierra que él mismo cultiva, hallaría así beneficioso para él el nuevo régimen, hasta el día en que la necesidad resultante de la competencia de las grandes propiedades actuales socializadas, o las ventajas reales que viera dimanar de la explotación social del suelo, le hiciesen renunciar a la propiedad exclusiva de su pedazo de tierra.
La modificación económica del orden social es inmediatamente posible en todo lo que sea grande industria y comercio al por mayor, doquiera se haya efectuado la concentración de los capitales.