La magnitud del valor de una mercancía no padecería alteración, si el tiempo necesario para su producción continuara siendo el mismo; pero este varía cada vez que se modifica la productividad del trabajo, es decir, con cada modificación que se introduce en la actividad de los procedimientos o de las condiciones exteriores, mediante las cuales se manifiesta la fuerza de trabajo; la productividad del trabajo depende, pues, entre otras cosas de la habilidad media de los trabajadores, de la extensión y eficacia de los medios de producir y de circunstancias puramente naturales: la misma cantidad de trabajo está representada, por ejemplo, por ocho fanegas de trigo, si la estación ha sido favorable, y por cuatro en el caso contrario.

Por regla general, si la productividad del trabajo aumenta, disminuyendo el tiempo necesario para la producción de un artículo, el valor de este disminuye, y a la inversa, si la productividad disminuye el valor aumenta. Pero cualesquiera que sean las variaciones de su productividad, el mismo trabajo, funcionando durante igual tiempo, crea siempre el mismo valor, solo que suministra en un tiempo determinado una cantidad mayor o menor de valores de uso u objetos útiles, según aumente o disminuya su productividad.

Aun cuando, merced a un aumento de productividad, se produzcan en el mismo tiempo dos vestidos en vez de uno, cada vestido continuará teniendo la misma utilidad que tenía antes de duplicarse la producción; pero con los dos vestidos se pueden vestir dos hombres en lugar de uno; por lo tanto, hay aumento de riqueza material. No obstante, el valor del conjunto de objetos útiles sigue siendo el mismo: dos vestidos hechos en un tiempo igual al empleado anteriormente en hacer uno, no valen más de lo que antes valía un solo vestido.

Una modificación en la productividad que haga más fecundo el trabajo, aumenta la cantidad de artículos que este trabajo proporciona, y por consiguiente, la riqueza material; poro no modifica el valor de esta cantidad así materialmente aumentada, si continúa siendo igual el tiempo total de trabajo empleado en su fabricación.

Sabemos ya que la sustancia del valor es el trabajo. Sabemos también que su medida es la duración del trabajo.

Una cosa puede ser valor de uso sin ser un valor: basta para esto que sea útil al hombre, sin que provenga de su trabajo. Así sucede con el aire, las praderas naturales, una tierra virgen, etc. Un valor de uso solo tiene valor cuando hay acumulada en él cierta suma de trabajo humano. Por ejemplo, el agua que corre en un río, aunque útil para muchas necesidades del hombre, no tiene, sin embargo, valor alguno; pero si por medio de cántaros o tubos se transporta el agua a un quinto piso, adquiere inmediatamente valor, porque para hacerla llegar hasta aquel punto se ha gastado cierta cantidad de fuerza humana.

Una cosa puede ser útil y producto del trabajo sin ser mercancía. Todo aquel que con su producto satisface sus propias necesidades, solo crea un valor de uso por su cuenta personal. Para producir mercancías hay que producir valores de uso, con el fin de entregarlos al consumo general por medio del cambio.

Por último, ningún objeto puede ser valor si no es útil; si un objeto es inútil, como se ha gastado inútilmente el trabajo que contiene, no crea valor.

II. Doble aspecto del trabajo.

El trabajo del ebanista, el del albañil, del labrador, etcétera, crean valor por su condición común de trabajo humano; pero no forman una mesa, una casa, cierta cantidad de trigo, etc., en una palabra, diferentes valores de uso, sino porque poseen cualidades diferentes.