El precio de las mercancías no es cosa aparente por sí misma. El poseedor se ve obligado a ponerles unas etiquetas para anunciar su precio, para representar su igualdad con el oro. No hay comerciante que no sepa perfectamente que no necesita ni un grano de oro efectivo para estimar en oro el valor de millones de mercancías. Aun cuando en su función de medida de los valores solo se emplea la moneda como moneda imaginaria, no por esto la determinación de los precios deja de depender completamente de la materia de la moneda. Si esta materia fuese cobre en vez de oro, los valores estarían representados por cantidades de cobre diferentes de las cantidades de oro, en otros términos, por precios diferentes.

Como cantidades diversas de una misma cosa, del oro, las mercancías se comparan y se miden entre sí, y de aquí la necesidad de referirlas a una cantidad de oro que se fija como término de comparación, como unidad de medida. Debiendo tener esta cantidad de oro una autenticidad social, es determinada por la ley. Dividida en partes iguales, esta cantidad fija de metal se convierte en el tipo de los precios.

Por consecuencia, el oro desempeña aquí una segunda función. Sabemos que, como medida de los valores, sirve para transformar los valores de las mercancías en supuestas cantidades de oro, en precios; ahora, como tipo de los precios, mide estas diversas cantidades de oro por una cantidad fija y las refiere a un peso fijo de oro. Los precios, o las cantidades de oro en que se transforman imaginariamente las mercancías, se expresan desde este momento con los nombres monetarios de este peso fijo, unidad de medida y de sus subdivisiones, por ejemplo, en pesetas.

Los precios indican, pues, dos cosas al mismo tiempo: la magnitud del valor de las mercancías y la parte del peso de oro convertido en unidad de medida, por la cual, son cambiables inmediatamente.

Si el precio, como índice de la magnitud del valor de la mercancía, es la indicación de su relación de cambio con la moneda, no se ha de deducir que la indicación de su relación de cambio con la moneda se confunde necesariamente con la indicación de su magnitud de valor.

En efecto, la magnitud de valor expresa la relación íntima que existe entre una mercancía y el tiempo de trabajo social necesario para producirla. Desde que el valor se convierte en precio, esta relación aparece como la relación de cambio de la mercancía con la moneda. Pero la relación de cambio puede expresar, ora el valor mismo de la mercancía o bien lo más o lo menos que su cambio produce accidentalmente en circunstancias dadas.

Supongamos que un saco de trigo se produce en el mismo tiempo de trabajo que 13 gramos de oro, y que el nombre monetario de estos 13 gramos de oro sea el de dos escudos; la expresión moneda del valor del saco de trigo, o su precio, será dos escudos.

Aunque las condiciones de la producción no varíen, siendo necesario el mismo tiempo de trabajo si se presentan circunstancias que permiten estimar el saco de trigo en tres escudos u obligan a bajarlo a un escudo, en tal caso tres escudos y un escudo son expresiones que aumentan o disminuyen el valor del trigo, y sin embargo, son sus precios, porque expresan la relación de cambio del trigo y de la moneda.

Es, pues, posible que exista una diferencia cuantitativa entre el precio de una mercancía y su magnitud de valor, cuya posibilidad proviene del doble papel que representa la misma forma precio.

En el precio, es decir, en el nombre monetario de las mercancías, su equivalencia con el oro no es todavía un hecho consumado. Para producir prácticamente el efecto de un valor de cambio, la mercancía debe dejar de ser oro simplemente imaginado y convertirse en oro real y positivo para darla un precio, basta con declararla igual a una cantidad de oro puramente imaginaria; pero hay que reemplazarla con oro efectivo para que preste a su poseedor el servicio de procurarle, por medio del cambio, las cosas que necesita.