Además, para modificar la naturaleza humana de suerte que adquiera habilidad y rapidez en un género determinado de trabajo, es decir, para hacer de ella una fuerza de trabajo desarrollada en un sentido especial, es necesaria cierta educación, que más o menos extensa, ocasiona un gasto mayor o menor de mercancías diversas: siendo la fuerza de trabajo igual a la suma de mercancías necesarias para su producción, cuando esta suma aumenta, como ocurre en el caso actual, su valor aumenta también.
El precio de la fuerza de trabajo alcanza su mínimum cuando se reduce al valor de los medios de subsistencia que no podrían disminuirse sin exponer la vida misma del trabajador; en este caso el trabajador no hace más que vegetar. Ahora bien, como el valor de la fuerza de trabajo está basado en las condiciones de una existencia normal, su precio es, entonces, inferior a su valor.
Una vez hecho el contrato entre comprador y vendedor, resulta de la naturaleza especial de la fuerza de trabajo que su valor de uso no ha pasado en realidad a manos del comprador. Si su valor, puesto que ha exigido el gasto de cierta cantidad de trabajo social, se hallaba determinado antes de que entrase en la circulación, su valor de uso, que consiste en su ejercicio, solo se manifiesta después. La enajenación de la fuerza de trabajo y su servicio como valor útil, en otros términos, su venta y su empleo, no tienen lugar al mismo tiempo. Ahora bien, casi siempre que se trata de mercancías de este género, cuyo valor de uso enajenado por la venta no es en realidad trasmitido simultáneamente al comprador, el vendedor no recibe el dinero sino en un plazo más o menos lejano, cuando su mercancía ha servido ya de cosa útil al comprador. En todos los países en que reina la producción capitalista no se paga la fuerza de trabajo hasta que ha funcionado durante cierto tiempo, fijado en el contrato, al fin de cada semana por ejemplo. En todas partes, deja, pues, el trabajador que el capitalista consuma su fuerza de trabajo antes de obtener el precio de ella; en una palabra, le fía o presta bajo todos conceptos. Como este préstamo, que no es un beneficio vano para el capitalista, no modifica la naturaleza misma del cambio, supondremos provisionalmente, para evitar inútiles complicaciones, que el dueño de la fuerza de trabajo recibe el precio estipulado desde el momento en que la vende.
El valor de uso entregado por el trabajador al comprador a cambio de dinero, solo se muestra en su empleo, en el consumo de la fuerza de trabajo vendida. Este consumo, que es a la vez producción de mercancías y de plusvalía, se hace, de igual modo que el consumo de toda mercancía, fuera del mercado, fuera del dominio de la circulación; por consecuencia, hemos de salir de este dominio y penetrar en el de la producción, para conocer el secreto de la fabricación de plusvalía.
SECCIÓN TERCERA
Producción de la supervalía absoluta.
CAPÍTULO VII
PRODUCCIÓN DE VALORES DE USO Y PRODUCCIÓN DE LA SUPERVALÍA
I. El trabajo en general y sus elementos. — El trabajo ejecutado por cuenta del capitalista. — II. Análisis del valor del producto. — Diferencia entro el valor de la fuerza de trabajo y el valor que puede crear. — El problema de la transformación del dinero en capital está resuelto.