Dijo la Perla al Diamante:
Valgo mucho más que tú;
De negro carbón naciste,
Y yo de la mar azul.
Y le contestó el Diamante:
Tu mérito es muy común,
¡Siempre fuiste y serás blanca!
¡Yo fuí negro y vierto luz!
—Martín Antonio Narváez.

Apréndase de memoria este poema.


Un Olivar de España

EL MUCHACHO Y EL LOBO

En boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso

Un muchacho tenía a su cargo[56] la guarda de un
rebaño de ovejas de su padre. Las mantenía en la
ladera de un monte y en sitio apartado de las tierras
de cultivo, para que no hicieran daño a[57] los sembrados,
pero a distancia conveniente para que el padre y sus 5
empleados pudiesen acudir en defensa del rebaño y del
pastor en caso de peligro.
Un día en que el padre trabajaba muy afanoso con
otros varios hombres en sus tierras de labranza, oyó
que el pastorcillo gritaba: 10
—¡El lobo! ¡El lobo!
Dejaron ellos su trabajo y corrieron con gran prisa
hacia el sitio donde sonaban los gritos. Llegaron, y
nada indicaba allí el peligro que daban a entender[58]
aquellas señales de alarma. Las ovejas pacían tranquilamente, 15
y el pastor mismo estaba acostado bajo
la sombra de un árbol.
Pasados algunos días[59] volvió a gritar[60] el muchacho:
—¡El lobo! ¡El lobo!
Otra vez dejaron apresuradamente su trabajo y 20
acudieron en socorro del[61] pastor y de las ovejas; pero
tampoco encontraron rastros de lobo ni señal ninguna
de alarma. El rebaño pacía la sabrosa hierba sin
ninguna inquietud, y el muchacho lejos de estar asustado
parecía contento de haber alarmado a los que 25
llegaban a defenderle.
Poco tiempo después apareció por aquel sitio un
furioso lobo que empezó a destrozar el rebaño.
El pastor gritó entonces con mayor fuerza; pero ni
el padre ni sus compañeros dieron crédito a[62] los gritos, 30
y la fiera concluyó por matar al muchacho que tantas
veces había pedido socorro.

EJERCICIOS