Hace mucho tiempo[137] que en una ciudad de Alemania
hubo una invasión extraordinaria de ratones. Por
todas partes[138] cruzaban numerosas legiones de estos
animales, pequeños y grandes, desde los más dañinos
hasta los de más desagradable figura. Todo lo destruían[139] 5
y lo devoraban. Hacían agujeros con sus
agudos dientes en las paredes y en los pisos; asaltaban
los graneros y no dejaban vivir tranquilamente a
nadie.[140]
En medio de esta horrorosa plaga apareció un hombre 10
muy cortés a quien nadie conocía. Era joven, de buen
semblante y de estatura grande; vestía un lindo traje[141]
de terciopelo rojo y amarillo, y llevaba consigo una
bonita flauta de ébano y oro. Dirigióse a los habitantes
de la ciudad y les ofreció librarlos de la invasión
de ratones, si le pagaban su trabajo; a lo que accedieron 15
aquéllos gustosamente.
Entonces llevó a la boca su flauta; en seguida sonó
la más extraña y dulce música que jamás habían
oído aquellas gentes. Tan pronto como[142] sonó la primera
nota, empezaron a[143] salir de sus cuevas los dañinos 20
animales, llenando en un momento las calles y las
plazas de la población. Había allí ratas viejas y
jóvenes, y ratones de todos los tamaños y formas
existentes. Todos siguieron, en afanoso tropel, al
flautista, que los guió y condujo a un sitio muy lejano 25
de la ciudad, tan lejano que no había miedo
de que pudiesen volver por sí mismos. Después regresó
a la ciudad, y habiendo pedido a los vecinos la
paga convenida, se la negaron. Como ya no sentían
la molestia de la plaga, les parecía muy duro el sacrificio 30
de pagar lo prometido.[144]
El flautista no hizo manifestación alguna de desagrado;
pero empezó de nuevo a soplar su flauta, produjo
una música más maravillosa y dulce que la anterior,
y esta vez se fueron tras él, en tropel, todos los 35
niños de la ciudad, desde los chiquitines que
empezaban a caminar, hasta[145] los que estudiaban ya en
las escuelas. Quedó la ciudad consternada, y daba
pena[146] ver la sorpresa y aflicción de los padres y la
desesperación de las madres, al ver cómo se iban,
fascinados por la música, aquellos angelitos de Dios, 40
que constituían el encanto de los hogares y la inocente
alegría de la vecindad.
No se supo nunca a dónde fueron a parar, y tan
triste se quedó la población sin niños, que estuvieron
sus habitantes a punto de[147] morir de melancolía. No 45
hubo en mucho tiempo fiestas populares de ninguna
clase, porque no había gente menuda que las animara,
y a los tristes vecinos les pesó mucho el no haber
cumplido[148] lo que prometieron al flautista maravilloso.

EJERCICIOS

Cuestionario

Contéstese por escrito en español a las preguntas que siguen.

1. ¿Qué sucedió una vez en una ciudad de Alemania?

2. Describa usted al hombre que hizo desaparecer los ratones.

3. ¿A dónde condujo el hombre los ratones? ¿Cómo lo hizo?

4. ¿Por qué no pagaron los vecinos lo prometido?

5. Cuando el flautista sopló por segunda vez la flauta, ¿qué hicieron los niños de la ciudad?