D.ª Francisca.—¿Á qué vas?

Rita.—El tordo, que ya se me olvidaba sacarle de allí.

D.ª Francisca.—Sí, tráele, no empiece á rezar como anoche... Allí quedó junto á la ventana... Y vé con cuidado, no despierte mamá.

Rita.—Sí, mire usted el estrépito de caballerías que anda por allá abajo... Hasta que lleguemos á nuestra calle del Lobo, número 7, cuarto segundo, no hay que pensar en dormir... Y ese maldito portón, que rechina que...

D.ª Francisca.—Te puedes llevar la luz.

Rita.—No es menester, que ya sé dónde está.

(Vase al cuarto de doña Irene.)

ESCENA XV.

SIMÓN (sale por la puerta del foro), DOÑA FRANCISCA.

D.ª Francisca.—Yo pensé que estaban ustedes acostados.