Simón.—¿Sí, eh?

Rita.—Cierto... Un ruido y... mire usted (alza la jaula que está en el suelo), era la jaula del tordo... Pues la jaula era, no tiene duda... ¡Válgate Dios! ¿Si se habrá muerto?... No, vivo está, vaya... Algún gato habrá sido. Preciso.

Simón.—Sí, algún gato.

Rita.—¡Pobre animal! ¡Y qué asustadillo se conoce que está todavía!

Simón.—Y con mucha razón... ¿No te parece, si le hubiera pillado el gato?...

Rita.—Se le hubiera comido.

(Cuelga la jaula de un clavo que habrá en la pared.)

Simón.—Y sin pebre... ni plumas hubiera dejado.

D. Diego.—Tráeme esa luz.

Rita.—¡Ah! Deje usted, encenderemos esta (Enciende la vela que está sobre la mesa.) que ya lo que no se ha dormido...