ACTO I.
ESCENA PRIMERA.
DON MANUEL, DON GREGORIO.
D. Gregorio.—Y por último, señor don Manuel, aunque usted es en efecto mi hermano mayor, yo no pienso seguir sus correcciones de usted ni sus ejemplos. Haré lo que guste, y nada más; y me va muy lindamente con hacerlo así.
D. Manuel.—Ya; pero das lugar á que todos se burlen, y...
D. Gregorio.—¿Y quién se burla? Otros tan mentecatos como tú.
D. Manuel.—Mil gracias por la atención, señor don Gregorio.
D. Gregorio.—Y bien, ¿qué dicen esos graves censores? ¿Qué hallan en mí que merezca su desaprobación?
D. Manuel.—Desaprueban la rusticidad de tu carácter, esa aspereza que te aparta del trato y los placeres honestos de la sociedad, esa extravagancia que te hace tan ridículo en cuanto piensas y dices y obras, y hasta en el modo de vestir te singulariza.