Pipí.—Yo no sé; pero supongo que será en celebridad de la comedia nueva que se representa esta tarde, escrita por uno de ellos.
D. Antonio.—¿Conque han hecho una comedia? ¡Haya picarillos!
Pipí.—Pues qué, ¿no lo sabía usted?
D. Antonio.—No por cierto.
Pipí.—Pues ahí está el anuncio en el Diario.
D. Antonio.—En efecto, aquí está (Leyendo en el Diario que está sobre la mesa): Comedia nueva intitulada el Gran Cerco de Viena. ¡No es cosa! Del sitio de una ciudad hacen una comedia. ¡Si son el diantre! ¡Ay, amigo Pipí! ¡cuánto más vale ser mozo de café que poeta ridículo!
Pipí.—Pues mire usted, la verdad, yo me alegrara de saber hacer, así, alguna cosa...
D. Antonio.—¿Cómo?
Pipí.—Así, de versos... ¡Me gustan tanto los versos!
D. Antonio.—¡Oh! los buenos versos son muy estimables; pero hoy día son tan pocos los que saben hacerlos, tan pocos, tan pocos...