Martina.—Allí debajo de aquel árbol hallarán ustedes cuantas estacas necesiten.

Lucas.—¿Sí? Voy por un par de ellas.

(Coge el palo que dejó en el suelo Bartolo, va hacia el foro y coge otro, vuelve, y se le da á Ginés.)

Ginés.—¡Fuerte cosa es que haya de ser preciso valerse de este medio!

Martina.—Y si no, todo será inútil. (Hace que se va, y vuelve.) ¡Ah! otra cosa. Cuiden ustedes de que no se les escape, porque corre como un gamo; y si les coge á ustedes la delantera, no le vuelven á ver en su vida. (Mirando hacia dentro á la parte del foro.) Pero me parece que viene. Sí, aquel es. Yo me voy, háblenle ustedes, y si no quiere hacer bondad, menudito en él. Adios, señores.

ESCENA III.

GINÉS, LUCAS.

Lucas.—Fortuna ha sido haber hallado á esta mujer. Pero ¿no ves qué traza de médico aquella?

(Los dos miran hacia el foro.)

Ginés.—Ya lo veo... Mira, retirémonos uno á un lado y otro á otro, para que no se nos pueda escapar. Hemos de tratarle con la mayor cortesía del mundo. ¿Lo entiendes?