Bartolo.—No, señor.

Lucas.—¿Conque no?

Bartolo.—El diablo me lleve si entiendo palabra de medicina.

Ginés.—Pues, amigo, con su buena licencia de usted, tendremos que valernos del remedio consabido... Lucas.

Lucas.—Ya, ya.

Bartolo.—¿Y qué remedio dice usted?

Lucas.—Este.

(Danle de palos, cogiéndole siempre las vueltas para que no se escape.)

Bartolo.—¡Ay! ¡ay! ¡ay!... (Quitándose el sombrero.) Basta, que yo soy médico, y todo lo que ustedes quieran.

Ginés.—Pues bien, ¿para qué nos obliga usted á esta violencia?