D. Jerónimo.—Vete, que no te puedo sufrir.
Lucas.—¡Que siempre has de dar en eso, Andrea! Calla, y no desazones al amo, mujer; calla, que el amo no necesita de tus consejos para hacer lo que quiera. No te metas nunca en cuidados agenos, que al fin y al cabo, el señor es el padre de su hija, y su hija es hija, y su padre es el señor; no tiene remedio.
D. Jerónimo.—Dice bien tu marido, que eres muy entremetida.
Lucas.—El médico viene.
ESCENA III.
BARTOLO, GINÉS, DON JERÓNIMO, LUCAS, ANDREA.
(Salen por la derecha Ginés y Bartolo, éste vestido con casaca antigua, sombrero de tres picos y bastón.)
Ginés.—Aquí tiene usted, señor don Jerónimo, al estupendo médico, al doctor infalible, al pasmo del mundo.
D. Jerónimo.—Me alegro mucho de ver á usted, y de conocerle, señor doctor.
(Se hacen cortesía uno á otro, con el sombrero en la mano.)