D. Jerónimo.—¿Conmigo? Yo no soy médico.
Bartolo.—¿No?
D. Jerónimo.—No, señor.
Bartolo.—¿No? Pues ahora verás lo que te pasa.
(Arremete hacia él con el bastón levantado en ademán de darle de palos. Huye don Jerónimo, los criados se ponen de por medio, y detienen á Bartolo.)
D. Jerónimo.—¿Qué hace usted, hombre?
Bartolo.—Yo te haré que seas médico á palos, que así se gradúan en esta tierra.
D. Jerónimo.—Detenedle vosotros... ¿Qué loco me habéis traído aquí?
Ginés.—¿No le dije á usted que era muy chancero?
D. Jerónimo.—Sí; pero que vaya á los infiernos con esas chanzas.