Bartolo.—Me alegro mucho.
D. Jerónimo.—¿Cómo?
Bartolo.—Digo que me alegro de que su hija de usted necesite de mi ciencia, y ojalá que usted y toda su familia estuviesen á las puertas de la muerte, para emplearme en su asistencia y alivio.
D. Jerónimo.—Viva usted mil años, que yo le estimo su buen deseo.
Bartolo.—Hablo ingenuamente.
D. Jerónimo.—Ya lo conozco.
Bartolo.—¿Y cómo se llama su niña de usted?
D. Jerónimo.—Paulita.
Bartolo.—¡Paulita! ¡Lindo nombre para curarse!... Y esta doncella ¿quién es?
D. Jerónimo.—Esta doncella es mujer de aquel. (Señalando á Lucas.)