Puede ser.
Simon.
Ya empiezan, oigamos... (Tocan una sonata desde adentro.) Pues dígole á usted que toca muy lindamente el pícaro del barberillo.
D. Die.
No, no hay barbero que sepa hacer esto, por muy bien que afeite.
Simon.
¿Quiere usted que nos asomemos un poco, á ver?...
D. Die.
No, dejarlos... ¡Pobre gente! ¡Quién sabe la importancia que darán ellos á la tal música!... No gusto yo de incomodar á nadie.
(Sale de su cuarto Doña Francisca y Rita con ella. Las dos se encaminan á la ventana. D. Diego y Simon se retiran á un lado y observan.)