Sí, ya estoy; pero ¿no pudiera, sin faltar á su honor ni á su sangre?...
D.ª Fca.
¿Me voy, mamá?
(Se levanta y vuelve á sentarse.)
D.ª Ire.
No pudiera, no, señor. Una niña bien educada, hija de buenos padres, no puede menos de conducirse en todas ocasiones como es conveniente y debido. Un vivo retrato es la chica, ahí donde usted la ve, de su abuela, que Dios perdone, Doña Gerónima de Peralta... En casa tengo el cuadro, ya le habrá usted visto. Y le hicieron, segun me contaba su merced, para enviársele á su tio carnal el padre fray Serapion de S. Juan Crisóstomo, electo obispo de Mechoacan.
D. Die.
Ya.
D.ª Ire.
Y murió en el mar, el buen religioso: que fué un quebranto para toda la familia... Hoy es, y todavía estamos sintiendo su muerte: particularmente mi primo D. Cucufate, regidor perpétuo de Zamora, no puede oir hablar de su Ilustrísima sin deshacerse en lágrimas.