Rita.

Ese es su cuarto, (Señalando el cuarto de D. Diego, el de Doña Irene y el de Doña Francisca.) este el de la madre, y aquel el nuestro.

Calam.

¿Cómo nuestro? ¿Tuyo y mio?

Rita.

No por cierto. Aquí dormiremos esta noche la señorita y yo; porque ayer, metidas las tres en ese de enfrente, ni cabíamos de pié, ni pudimos dormir un instante, ni respirar siquiera.

Calam.

Bien... A Dios. (Recoge los trastos que puso sobre la mesa, en ademan de irse.)

Rita.

¿Y adónde?