Eso no lo puedo yo creer.
D.ª Fca.
Es hombre al fin, y todos ellos...
Rita.
¡Qué bobería! Desengáñese usted, señorita. Con los hombres y las mujeres sucede lo mismo que con los melones de Añover. Hay de todo; la dificultad está en saber escogerlos. El que se lleva chasco en la eleccion, quéjese de su mala suerte, pero no desacredite la mercancía... Hay hombres muy embusteros, muy picarones; pero no es creible que lo sea el que ha dado pruebas tan repetidas de perseverancia y amor. Tres meses duró el terrero y la conversacion á obscuras, y en todo aquel tiempo, bien sabe usted que no vimos en él una accion descompuesta, ni oimos de su boca una palabra indecente ni atrevida.
D.ª Fca.
Es verdad. Por eso le quise tanto, por eso le tengo tan fijo aquí... aquí... (Señalando el pecho.) ¿Qué habrá dicho al ver la carta?... ¡Oh! Yo bien sé lo que habrá dicho... ¡Válgate Dios! ¡Es lástima!... Cierto. ¡Pobre Paquita!... Y se acabó... No habrá dicho mas... nada mas.
Rita.
No señora, no ha dicho eso.
D.ª Fca.