Pero... Pues ¿qué sabe usted?
D.ª Ire.
¿Me quieres engañar á mí, eh? ¡Ay hija! He vivido mucho, y tengo yo mucha trastienda y mucha penetracion para que tú me engañes.
D.ª Fca.
(Aparte.) ¡Perdida soy!
D.ª Ire.
Sin contar con su madre... Como si tal madre no tuviera... Yo te aseguro, que aunque no hubiera sido con esta ocasion, de todos modos era ya necesario sacarte del convento. Aunque hubiera tenido que ir á pié y sola por ese camino, te hubiera sacado de allí... ¡Mire usted qué juicio de niña este! Que, porque ha vivido un poco de tiempo entre monjas, ya se la puso en la cabeza el ser ella monja tambien... Ni qué entiende ella de eso, ni que... En todos los estados se sirve á Dios, Frasquita; pero el complacer á su madre, asistirla, acompañarla y ser el consuelo de sus trabajos, esa es la primera obligacion de una hija obediente. Y sépalo usted, si no lo sabe.
D.ª Fca.
Es verdad, mamá... Pero yo nunca he pensado abandonarla á usted.
D.ª Ire.