D. Car.
¡Qué llanto!... ¿Cómo me persuade?... Sí, Paquita, yo solo basto para defender á usted de cuantos quieran oprimirla. A un amante favorecido, ¿quién puede oponérsele? Nada hay que temer.
D.ª Fca.
¿Es posible?
D. Car.
Nada... Amor ha unido nuestras almas en estrechos nudos, y solo el brazo de la muerte bastará á dividirlas.
ESCENA VIII.
RITA, D. CARLOS, DOÑA FRANCISCA.
Rita.
Señorita, adentro. La mamá pregunta por usted. Voy á traer la cena, y se van á recoger al instante... Y usted, señor galan, ya puede tambien disponer de su persona.