“En aquel duro trance de Lucina...”

por eso sé yo que parió sin novedad, porque conozco la Mitología y conozco á la viuda.—¿Usted la ha tratado?—Á la Mitología no, ni á la viuda tampoco. Pero leo; algo se sabe, y he visto tantas crónicas con alusiones transparentes á sus transparentes gracias y costumbres... que algo se ha transparentado.

(Pausa.) ¡Oh, señora, feliz la honrada madre de familia que puede dar á luz, á la prensa, como quien dice, todos los hijos que quiere! ¡Todas las hojas literarias de los periódicos estaban consagradas el lunes al rorro de usted. ¿Cómo está, cómo está el muñeco?—¡Hermosísimo!—¿Y es cierto que tiene esa inteligencia que dice el revistero Begonia?—Pues ya lo creo, y más.—Qué saladísimo estaba Ricardo Flores, el que firma Cardoenflor (por imitar á Fernanflor, que no me gusta porque habla poco de salones), qué gracioso estaba Ricardito contando las travesuras de su bebé de usted durante la ceremonia del bautizo.—Está gracioso, pero calumnia al muchacho.—Sí, dice que antes que le hicieran cristiano tenía en la iglesia cara de aburrido como un perro ó como un librepensador.—El revistero no sabe que los niños no entran en la iglesia hasta que les echan los demonios fuera del cuerpo.—Pero lo mejor son los versos de Cigarra, el chiquitín junto á la pila bautismal. Los sé de memoria:

«En la pila bautismal
todo el Jordán se refleja,
te moja el cura la oreja
y ya estás libre del mal.
El acto sacramental
mata en tu pecho el pecado
y se abre regenerado,
como rosa alejandrina,
tu ser á la fe divina,
pues de pila te ha sacado
el ministro de Marina,
en el acto acompañado
de más augusta madrina.»

—¡Hermosa décima! ¿Verdad usted?—Décima precisamente, no, señora.—Bien, ya lo sé, es la docena del fraile, un nuevo género de décimas de trece versos, que ha inventado Cigarra, para que cupiesen el ministro de Marina y la madrina más augusta. Ya ve usted, por verso más ó menos no habíamos de ser unos mal criados.—No cabe duda; y más vale que sobre que no que falte.—Á propósito de versos, señor de Paleólogo. Me va usted á sacar de un apuro. Aquí en casa vamos á representar una comedia, pero nos falta un personaje. ¿Sería usted tan amable?...—Señora, yo no soy personaje más que en Villapidiendo...—No importa, ¿quiere usted crear el papel de Cocupassepartout?—Señora; mucho crear es, pero si no hay otro Cocu... yo lo haré, como se hacen esas cosas en Villapidiendo.—¡Oh, gracias, gracias!—Por supuesto, ¿usted sabe francés?... Condición indispensable.—Pero qué, ¿vamos á representar en francés?—No, señor, en castellano, es una traducción de Fois Grass, el corresponsal del Bombo en París... y ya ve usted, hace falta dominar el francés... para pronunciar correctamente los galicismos.—¿Y cómo se llama la comedia?—Espere usted... se llama...—¡Ah! ya sé, lo he leído ayer en los periódicos, se llama: Á qué sueñan las jóvenes hijas, es un fusilamiento de Musset. Pues cuente usted conmigo. Por supuesto, ¿hablarán los periódicos de los ensayos?—Ya lo creo, hombre; hablarán por encima del mercado...

Paleólogo se despidió. Eran las once y quince. Sabía por los periódicos que era la hora de inspeccionar la lactancia de Bebé.

Si el lector quiere, volveremos á visitar á los señores de Casabierta con el presidente del Casino de Villapidiendo, y acaso veamos la comedia de Fois-Gras..., si se logra.

EL POETA-BUHO

HISTORIA NATURAL