—¿Ésos habrán sido los progresistas?...
—¡Silencio!
En el campo santo humilde
sólo la tumba quedó,
y en el hueco de la tumba
enterré mi corazón.
Oiga usted ahora el IV. Y me leyó todos los números romanos posibles; cuando terminó la primera parte, olía á difunto.
—¿Qué opina usted? Así, en conjunto...
—Opino que debe usted esperar, para publicar su Requiem eterno, alguna ocasión solemne... por ejemplo, sería de mucha actualidad en el día del juicio...
—Eso es muy tarde...
—Bueno, pues cuando se inaugure la Necrópolis...
—Señorito, el barbero espera en la antesala.