2.º A buscar para uso propio, un acomodo neo-romántico, una pasión verdad, compatible con su afición a las formas amplias y a las turgencias hiperbólicas, que él no llamaba así por supuesto.
—¿Quién está arriba?—preguntó a un criado, seguro de que estaría la Regenta «porque se lo daba el corazón».
—Hay dos señoras.—¿Quiénes son? El criado meditó.—Una creo que es doña Visita, aunque no las he visto; pero se la oye de lejos... la otra... no sé.
—Bueno, bueno—dijo Paco, volviéndose a Mesía—. Son ellas. Estos días Visita no se separa de Ana.
A Mesía le temblaron un poco las piernas, muy contra su deseo.
—Oye—dijo—llévame primero a tu cuarto. Quiero que allí me expliques, como si te fueras a morir, la verdad, nada más que la verdad de lo que hayas notado en ella, que puede serme favorable.
—Bien; subamos. Paco se turbó. La verdad de lo que había notado... no era gran cosa. Pero ¡bah! con un poco de imaginación... y precisamente él estaba tan excitado en aquel momento....
Las habitaciones del Marquesito estaban en el segundo piso. Al llegar al vestíbulo del primero, oyeron grandes carcajadas.... Era en la cocina. Era la carcajada eterna de Visita.
—¡Están en la cocina!—dijo Mesía asombrado y recordando otros tiempos.
—Oye—observó Paco—¿no esperaba Visita a Obdulia en su casa para hacer empanadas y no sé qué mas?