—Por si acaso; léela aquí, por si tienes que contestar en seguida o dejar algún recado; ¿no comprendes?
De Pas hizo un gesto de indiferencia y leyó la carta.
Leyó en alta voz. Otra cosa hubiera sido despertar sospechas. No estaba su madre acostumbrada a que hubiera secretos para ella. «Además, ¿qué podía decir la Regenta? Nada de particular».
«Mi querido amigo: hoy no he podido ir a comulgar; necesito ver a usted
antes; necesito reconciliar. No crea usted que son escrúpulos de esos
contra los que usted me prevenía; creo que se trata de una cosa seria.
Si usted fuera tan amable que consintiera en oírme esta tarde un
momento, mucho se lo agradecería su hija espiritual y affma.
amiga, q.b.s.m.,
ANA DE OZORES DE QUINTANAR».
—¡Jesús, qué carta!—exclamó doña Paula con los ojos clavados en su hijo.
—¿Qué tiene?—preguntó el Magistral, volviendo la espalda.
—¿Te parece bien ese modo de escribir al confesor? Parece cosa de doña Obdulia. ¿No dices que la Regenta es tan discreta? Esa carta es de una tonta o de una loca.
—No es loca ni tonta, madre. Es que no sabe de estas cosas todavía.... Me escribe como a un amigo cualquiera.
—Vamos, es una pagana que quiere convertirse.
El Magistral calló. Con su madre no disputaba.