¿Pues no le estaba poniendo varas al Provisor?». Esto que no lo notaban, o fingían no verlo, los demás convidados, lo estaba observando él por lo que le importaba. Pero no se daba por vencido, insistía en galantear a la viuda, fingiendo no ver lo del Magistral. Ordinariamente Obdulia y Joaquinito se entendían. «¡Señor! ¡si había llegado a darle cita en una carbonera! Verdad era que él no podía vanagloriarse de haber tomado aquella plaza... desmantelada; no había gozado los supremos favores... todavía; pero, en fin, anticipos... arras... o como quiera llamarse, eso sí. ¡Oh! como él llegara a vencer por completo, y así lo esperaba, ya le pagaría ella aquellos desdenes caprichosos, aquellos cambios de humor, y aquella humillación de posponerle a un carca».
El que no esperaba nada, el que estaba desengañado, triste hasta la muerte, era don Saturnino Bermúdez. Después de la escena de la Catedral donde creía haber adelantado tanto—bien a costa de su conciencia—no había vuelto a ver a Obdulia; y aquella mañana, al acercarse a ella para decirle cuánto había padecido con la ausencia de aquellos días (si bien ocultando los restreñimientos que le habían tenido obseso y en cama), al ir a rezarle al oído el discursito que traía preparado—estilo Feuillet pasado por la sacristía—Obdulia le había vuelto la espalda y no una vez, sino tres o cuatro, dándole a entender claramente, que non erat hic locus, que a él sólo se le toleraría en la iglesia.
«¡Así eran las mujeres! ¡así era singularmente aquella mujer! ¿Para qué amarlas? ¿Para qué perseguir el ideal del amor? O, mejor dicho, ¿para qué amar a las mujeres vivas, de carne y hueso? Mejor era soñar, seguir soñando». Así pensaba melancólico Bermúdez, que tenía el vino triste, mientras contestaba distraído, pero muy fríamente, a doña Petronila Rianzares que se ocupaba en hacer en voz baja un panegírico del Magistral, su ídolo. Bermúdez miraba de cuando en cuando a la Regenta, a quien había amado en secreto, y otras veces a Visitación, a quien había querido siendo él adolescente, allá por la época en que la del Banco, según malas lenguas, se escapó con un novio por un balcón. Ni siquiera Visitación le había hecho caso en su vida; jamás le había mirado con los ojillos arrugados con que ella creía encantar; no era desprecio; era que para las señoras de Vetusta, Bermúdez era un sabio, un santo, pero no un hombre. Obdulia había descubierto aquel varón, pero había despreciado en seguida el descubrimiento.
El Magistral, Ripamilán, don Víctor, don Álvaro, el Marqués y el médico llevaban el peso de la conversación general; Vegallana y el Magistral tendían a los asuntos serios, pero Ripamilán y don Víctor daban a todo debate un sesgo festivo y todos acababan por tomarlo a broma. El Marqués en cuanto se sintió fuerte, merced al sabio equilibrio gástrico de líquidos y sólidos que él establecía con gran tino, insistió en su espíritu de reformista de cal y canto. «¡Ea! que quería derribar a San Pedro; y que no se le hablase de sus ideas; aparte de que él no era un fanático, ni el partido conservador debía confundirse con ciertas doctrinas ultramontanas, aparte de esto, una cosa era la religión y otra los intereses locales; el mercado cubierto para las hortalizas era una necesidad. ¿Emplazamiento? uno solo, no admitía discusión en esto, la plaza de San Pedro; ¿pero cómo? ¿dónde? Mediante el derribo de la ruinosa iglesia».
Doña Petronila protestaba invocando la autoridad del Magistral. El Magistral votaba con doña Petronila, pero no esforzaba sus argumentos. Ripamilán, que tenía los ojillos como dos abalorios, gritaba:
—¡Fuera ese iconoclasta! ¡Las hortalizas, las hortalizas! ¿Eso quiere decir que a V. E., señor Marqués, la religión, el arte y la historia le importan menos que un rábano?
—¡Bravo, paisano!—gritó don Víctor, en pie, con una copa de Champaña en la mano.
—No hay formalidad, no se puede discutir—decía el Marqués—; este Quintanar aplaude ahora al otro y antes se llamaba liberal.
—¿Pero qué tiene que ver?
—No quiere usted derribar la iglesia, pero quería exclaustrar a las hijas de Carraspique....