—¡Ya ve usted!—exclamó Glocester triunfante.
—¿Y a dónde van los otros?
—Al Vivero, de fijo; ya sabe usted... a brincar y saltar como potros....
—¡Esas son las clases conservadoras!
—No, señor; esa es la excepción....
—Y mire usted que venir en carruaje descubierto....
—Y junto a ella...—Y apearse aquí—se atrevió a decir el beneficiado.
—Justo; tiene razón este... apearse aquí...
—Señor Arcediano, permítame usted decirle que su colega de usted está dejado de la mano de Dios.
—¡Ya lo creo! ¡ya lo creo! y lo siento.... Pero ese Obispo, ese bendito señor.... En fin, ¿qué quiere usted?—indicó Glocester sonriendo con malicia.