—Peor; peor que peor.... Y sobre todo lo que yo temo es que el otro se entere, que Camoirán crea todo eso que ya dicen.
—¡Que ya dicen! ¡En dos días!
—Sí, en dos; en medio... en una hora.... ¿No ves que te tienen ganas? ¿que llueve sobre mojado?... ¿Hace dos días? Pues ellos dirán que hace dos meses, dos años, lo que quieran. ¿Empieza ahora? Pues dirán que ahora se ha descubierto. Conocen al Obispo, saben que sólo por ahí pueden atacarte.... Que le digan a Camoirán que has robado el copón... no lo cree... pero eso sí; ¡acuérdate de la Brigadiera!...
—¡Qué Brigadiera... madre... qué Brigadiera!... Es que no podemos hablar de estas cosas... pero... si yo le explicara a usted....
—No necesito saber nada... todo lo comprendo... todo lo sé... a mi modo. Fermo, ¿te fue bien toda la vida dejándote guiar por tu madre, en estas cosas miserables de tejas abajo? ¿Te fue bien?
—¡Sí, madre mía, sí!
—¿Te saqué yo o no de la pobreza?
—¡Sí, madre del alma!—¿No nos dejó tu pobre padre muertos de hambre y con el agua al cuello, todo embargado, todo perdido?
—Sí, señora, sí... y eternamente yo....
—Déjate de eternidades... yo no quiero palabras, quiero que sigas creyéndome a mí; yo sé lo que hago. Tú predicas, tú alucinas al mundo con tus buenas palabras y buenas formas... yo sigo mi juego. Fermo, si siempre ha sido así, ¿por qué te me tuerces? ¿Por qué te me escapas?