—Sí, señor, perfectamente. Es la cosa más clara....

—Pues explíquemelo usted.—Entendámonos, señor Guimarán, si usted quiere examinarme... ¡sepa usted que yo... no aguanto ancas!...

—No se trata aquí de la grupa de nadie... sino de que usted pruebe la infali....

—¿La infalibidad?

—Sí, señor... la infalibilidad... la in... fa... li... bi... li....

—¡Oiga usted, señor don Pompeyo, que a mí las canas no me asustan! y si usted se burla, yo hago la cuestión personal....

—¿Cómo personal? ¿También usted es infalible?

—¡Señor Guimarán!

—En resumen, señor mío....

—Eso es, reasumiendo...